Tuesday, December 21, 2010
Mi querido viejo
En un laberinto de emociones estas tu, y estoy yo. Me voy o me quedo pues no sabemos nada los dos. Te odio, te amo, te miro, y te engañó. Hoy hablaran de los dos, pero mañana no nos recordaran. Te lo callas todo con esa mirada, con esos ojos negros iguales a los míos, no hacen faltan las palabras. Tus labios gruesos iguales a los míos ya cansado de dar consejos. Tu espalda cansada falta de masajes, historias ya agotadas. Tu pelo dorado ya cenizo igual al mío. Tus manos reflejan tu dolor tu trabajo y las heridas que has superado. Desde que pude entender quien eras te ame, te venere, y fuiste el modelo para encontrar mi querer. Somos uno, somos dos, somos agua y arena, somos amigos. Tus arugas reflejan tu edad por más que me quieras engañar. Tus palabras me dan a conocer de tu sabiduría, y lo dura que ha sido tu vida. Nunca te he visto llorar como el día que me dejaste ir. Entre tragos, besos, y abrazos me confesaste lo mucho que me has amado; tu hombre recto, hombre de pocas emociones, hombre de pocas lagrimas. Los dos tuvimos que aceptarlo ya no soy esa niña que mecías en tus brazos. A la que le tocabas guitarra y le cantabas. A la cual le contabas historias encantadas, y a la que solo le importaba tu aprobación. Tus ojos no dejaban de derramar lágrimas: un buen amigo confirmaba que lo más duro para un padre es darse cuenta de que su hija ya no es niña, si no mujer. Nadie jamás entenderá nuestra relación. Es que más que padre fuimos amigos, fuimos confidentes, y hasta fuimos consejero. Fuimos cirujanos, reparadores de nuestros corazones quebrantados por los malos amores. Aunque ya no estemos bajo un mismo techo te conozco bien, y con solo oír tu voz se que emociones te arrastran. Que invade tu alma, y si la melancolía, y soledad opacan tu corazón. Te amo querido viejo, como siempre has dicho “solo nos tenemos a los dos”.
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