Hay veces que la muerte me llama y aunque no quiero escucharla es tan persistente.
Sabe mi nombre, se esconde, y cuando me duele el alma aparece de prisa.
Como un relámpago en la oscuridad; silencioso, misterioso y después de unos segundos se hace obvio.
¿Porque la siento tan cerca? como la desprecio si me hace promesas de paz, de descanso, de libertad.
La muerte me llama, sabe donde estoy, sabe mi nombre.
Lo pronuncia a cada instante, Johanna, Johanna.
Lo repite hasta ya no poderla ignorar.
Lo que más me sorprende es que no me espanto.
Solo siento certeza de que cuando llega, llega.
No espera por despedidas, palabras nunca dichas, disculpas perdidas.
Llega sin importarle tu edad o’ lo que no has logrado alcanzar.
No me da miedo que la muerte me llame y sepa mi nombre.
Solo me da miedo lo que haya después de ella y hasta donde me quiera llevar.
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